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Pregonazo en Telde

  • Published in Política

El almendrero de Nicolás

Paco Déniz               

{mosimage}Cuando le preguntan a un canario de dónde es, y te responde donde nació y de dónde eran sus padres, se reconoce  expresamente el vínculo con sus ancestros y con las historias que lo construyen desde pequeñito. Pues bien, Telde es uno de mis orígenes, aunque no la ciudad precisamente, sino sus cumbres.

Allí nos dejaba el coche Pirata cuando íbamos a la casa-cueva de mi abuela cargando un sinfín de bolsos, niños y comida, para hacer trasbordo a otro pirata que nos dejaba botados en la carretera, y subir caminando cerca de una hora por un barranco empinado hasta llegar al destino y descansar. Era, literalmente, un mundo troglodita y nosotros sus orgullosos descendientes. Mis padres eran porteadores y nosotros jugábamos hasta con el sudor.

Con el tiempo descubrí que Telde había sido un núcleo importante del movimiento obrero en los años treinta y también un núcleo del fascismo canario. Allí sacrificaron a la familia del Corredera y a sus compinches, y aunque recientemente estuviera gobernada por la izquierda, siempre me dio la sensación de respirar el aire de los vencedores del 36. Mi padre siempre me señalaba el caserón situado en la Higuera Canaria donde se escondió Franco pa’ descanse. Y me lo contaba de tal manera que, para mi gusto, todavía está allí escondido.

Ese municipio tiene unos rincones costeros verdaderamente alucinantes y no sería deseable que el piche se adueñara de sus familiares, pequeñas y entrañables playas. Por eso creo que invitar a Soria a leer el pregón de las fiestas es una provocación al respetable que ve peligrar casi casi lo único que nos queda para disfrutar: poder perder el tiempo mirando para los celajes marinos y dar la espalda a lo que se sancocha en tierra de inútiles que no se han enterado de que la gente demanda energías limpias, baratas y soberanas. De ahí mi alegría cuando leí la noticia de que en Telde, aparte de imputadas conservadoras, también hay gente normal que hacen valer sus derechos ciudadanos. Corredera también se hubiera alegrado.