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Todo atado y bien atado

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

Joaquín Hernández

{mosimage}{mosimage}Audio de la entrevista

“Lo dejaré todo atado y bien atado”. Esta frase la pronunció el General Franco en más de una ocasión refiriéndose a la España después de él, de la dictadura franquista. Al Caudillo de España por la “Gracia de Dios” ni siquiera la enfermedad de Parkinson le hizo temblar el pulso a la hora de firmar su sucesión en la Jefatura del Estado español.

Franco siempre se declaró monárquico y leal a la monarquía, otra cosa es que tachase a D. Juan de Borbón de bon vivant y dijese de él que le gustaba más sus juergas en Mónaco y Saint Tropez que la realidad de España.

El tema estaba clarísimo, a cambio de una cantidad importante de dólares, el Conde de Barcelona entregaba a su hijo Juanito a la tutela del Caudillo y éste lo formaría y educaría bajo los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. La historia la conocemos todos, el heredero de Franco acepto las imposiciones del dictador y se hizo con la corona de España.

Juan Carlos I ha reinado 39 años en una España convulsa y deseosa de algo impensable para los que nacimos en plena dictadura; la libertad. Ser libres en un sistema que sólo lo imaginábamos algunos pocos que tuvimos la suerte de viajar por Europa y comprobar cómo se podía vivir en democracia era una utopía en esa España siniestra.

Esa democracia que esperábamos la inmensa mayoría de los españoles, del pueblo sencillo, se quebró y se convirtió en la Dictacracia que ahora padecemos. El divorcio de la mayoría silenciosa de los españoles con la totalidad de las Instituciones (incluida la Casa Real) no es algo imaginario ni pertenece a cabreos momentáneos como el perder en la primera fase del mundial y ver como nuestra “roja” hace el mayor de los ridículos. No, no es ese el cabreo del pueblo español con las Instituciones. Los españoles estamos cansados de ver la diferencia, los privilegios ante la Ley, la corrupción y el desmoronamiento de los principales ejes de la democracia. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial están contaminados y parece que no existe antídoto que pueda curar tanta podredumbre.

Entre la casta política, la corona con el caso Urdangarin y la hija del Rey Juan Carlos, más los “desvaríos” y las cuentas en Suiza de la familia del patriarca del clan, unido a una desconfianza total en la justicia ha hecho que la gente, ese pueblo que dicen es “soberano”, no tenga ninguna ilusión en la coronación del hijo del monarca Borbón.

Felipe VI ha empezado su reinado y le deseamos larga vida al Rey. Pero que sepa que los españoles no queremos un rey florero, queremos que se implique de manera tajante en las cuestiones de Estado. Necesitamos un rey valiente y entregado a dar el cambio generacional necesario para acabar con  las corruptelas y la mafia que campean a lo ancho y largo de esta piel de toro cada día más triste y envejecido. Majestad, usted no recibe un país democrático, usted, Señor, recibe una especie de dictadura, un poco más blanda que la que heredó su real padre, a la que llamamos Dictacracia. La dictacracia funciona como una democracia, pero no lo es, en realidad es una dictadura disfrazada de democracia que aprovecha las reglas del juego democrático para establecer su poder omnímodo y así lograr instalarse en todas las instituciones. A partir de ese momento, instalados en el poder, los modernos dictadores no dudan en establecer leyes que vulneran los derechos más fundamentales de las personas y hacen caso omiso a lo establecido en nuestra Constitución.

A usted, Majestad, le vamos a dar el beneficio de la duda, esperamos un Monarca fuerte y decidido, más unido son su pueblo que con la mafia que ha rodeado y rodea a la Corona que usted exhibe con orgullo. A cambio le pedimos que nos demuestre que no tiene apego al poder por el poder, que educado para ser Rey usted Señor prefiere ser un ciudadano más de los que, como el que escribe, desea una democracia “Real”. Si lo hace el pueblo le premiará con su afecto, y si no lo hace, tarde o temprano, le demandará su ineptitud y perderá la poca confianza que aun dispone.