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La Casa Real huele a dinero manchado

  • Published in Política

Lo más grave no es que el rey Juan Carlos I represente la vergüenza nacional; sino que la inviolabilidad pactada por quienes redactaron la Constitución española de 1978 hecha a su medida, le permita ser un delincuente internacional y un faldero inmoral con el dinero de todos los españoles.

Lo más relevante no es que el rey Juan Carlos sea un presunto corrupto adicto a cobrar comisiones ilegales y que defraude al Fisco español, sino la clamorosa ausencia de mecanismos de control sobre la máxima autoridad del Estado, que no es juzgable ni elegible.
Es hora de reformar profundamente la Constitución. Hay que reverdecer la Carta Magna. Es hora de ventilar y fumigar los oscuros sótanos de ciertos medios informativos comprados y domesticados por los partidos políticos y las instituciones públicas para que no se publique la verdad. El periodismo manipulado y manipulador contamina la libertad de expresión y oscurece la democracia. Lo que toca ya en España es que los ciudadanos dejemos de ser corderos sumisos y obedientes y hablemos claro y sin miedo. Lo que toca ya en España es abrir un debate político y social sobre el futuro de la monarquía y un nuevo modelo de Estado.

El que fuera discípulo del tirano y dictator Franco que nos impuso la Monarquía a dedo, sigue fugado y acorralado por sus escándalos judiciales. A estas alturas de una película de “sangre azul” cargada de intrigas y aventuras, no sé si estamos viviendo una de nuestras peores crisis desde la transición. Pues no sabemos si el rey Juan Carlos cumple una “condena pactada” o una “orden de alejamiento” impuesta por su hijo, el rey Felipe VI, o es que ha decidido huir definitivamente de la Justicia.
Considerado por la derecha política española y algunos periodistas de estómagos agradecidos como un “héroe nacional”, el rey emérito habría elegido “un exilio forzoso” para ocultar su inmensa fortuna en paraísos fiscales. Estamos ante un escándalo financiero protagonizado por un monarca huido y cercado cuyo final está siendo humillante para el que fuera Capitán General de los Ejércitos y Jefe de Estado español. Humillante, además, para los españoles, para nuestra imagen exterior, para nuestra democracia y para nuestra propia historia. Las corruptelas del rey Juan Carlos; sus amantes y aventuras de cama, las cuentas en un banco de Suiza y otros espectáculos cuasi bananeros y cabareteros, ha enfadado a la mayoría de los españoles que no soportan ni un día más los continuos escándalos de un rey travestido de bandolero y putañero.

El Rey está dando una bochornosa imagen de España. Juan Carlos I ha desaparecido dañando aún más la salud de nuestra frágil monarquía y avergonzando a su hijo, el rey Felipe VI. Un joven monarca que, ante la opinión pública y publicada, y ante la justicia, está comprobando cómo su padre es el principal devastador de la monarquía poniendo en jaque su futuro como Rey de España. A punto de verse inmerso en un proceso de investigación acusado presuntamente de corrupción por sus supuestos negocios financieros, “lavado de dinero y evasión fiscal”, la Corona ya no es símbolo de transparencia ni de honradez. Estamos ante una situación de gran calado político donde un rey emérito se ha fugado de su país encontrándose en paradero desconocido; pero, paradójicamente, gozando de inmunidad. Mientras tanto, la Fiscalía del Tribunal Supremo no ha presentado, hasta ahora, ninguna querella contra el monarca fugado. ¿Porqué no se ha impulsado un procedimiento judicial en España? Los jueces, callan. Los fiscales, permanecen mudos. ¿Tan poco les preocupa la dignidad del Estado español?

Lo que toca ya en España es reformar la Constitución, celebrar un referéndum y poner fin a la impunidad de todos los políticos en general. Nadie, absolutamente nadie que represente un cargo público, no debe ni tiene porqué estar aforado. Y en cuanto a los medios informativos, no más connivencia con la Casa Real ni con la clase política sea del signo que sea. No más complicidades de las empresas periodísticas, emisoras de radio y canales de televisión y algunos de sus periodistas con la corrupción política y sus corruptos. El papel de la prensa ha de centrarse en su labor de control al poder. Para que los ciudadanos puedan confiar en los periódicos y en los periodistas, el periodismo tiene que ser transparente, plural, democrático y sin ataduras. No se puede silenciar ni censurar las noticias. La prensa está llamada a ejercer su función de contrapoder, que es su auténtica responsabilidad y su razón de ser. Necesitamos una prensa que ejerza el papel fiscalizador. Pero nunca el papel de una prensa cortesana y cómplice que ha sido tolerante con los supuestos escándalos del Rey Juan Carlos. Esa convivencia de la prensa cavernícola y servilista con la Corona, forma parte de una monarquía enferma, contaminada y decadente.

La política española y nuestras instituciones necesitan un baño de modernización. Nuestra Constitución fue una cesión y una concesión al rey Juan Carlos y a la Monarquía, pero se debe y se puede modificar adaptándola a los tiempos. El texto y el articulado constitucional no son inamovibles. El cambio es posible y necesario para reverdecer  la democracia y explorar e impulsar otras vías para no estancarnos en el inmovilismo.
Ya sabemos que el presidente del Gobierno, el conservador liberal Pedro Sánchez, es proclive a defender la Monarquía que el dictador Franco dejó atada y bien atada para que los Borbones vivieran como reyes a su manera. A fin de cuentas, la monarquía es un mero reparto de poderes y privilegios. Por eso, el PSOE no defiende una fuerza republicana. Defiende una fuerza monárquica. Mejor dicho: monárquicamente contaminada y corrupta. La Casa Real huele a dinero manchado. La Corona está infectada de muchos vicios y pocas virtudes. Y una monarquía sin dignidad, sin honor y reinada por un muñeco, es frágil y dura poco. La monarquía designada por Franco, solo nos ha traído la corrupción de los partidos políticos. El sistema está podrido. La corrupción la representa el propio rey Juan Carlos. No sería nada extraño ni sorprendente que los demás miembros de la Casa Real estén también contagiados. Parece que esto no ha hecho nada más que empezar...
Sobre la república y el sistema de monarquía parlamentaria en España, que hable el electorado joven.