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Made in Spain, el asunto del pequeño Nicolás

  • Published in Política

A Francisco Nicolás Gómez Iglesias, “alias el pequeño Nicolás”, además de la condena a un año y nueve meses de prisión por falsificar un documento nacional de identidad para que un amigo se presentase en su nombre al examen de la selectividad, le ha caído encima otra sentencia por 3 años de talego por hacerse pasar por “emisario del rey Felipe VI y de la entonces vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaria durante un viaje a Ribadeo (Lugo). Y aún le quedan pendientes otros dos juicios, por lo que no es descabellado pensar que Nicolás pasará una buena parte de su tierna juventud en la celda de Soto del Real.

Estamos ante un asunto de Estado. Si, si queridos lectores, el caso del “pequeño Nicolás” es un asunto de Estado de una magnitud importantísima, tanto es así que si yo fuera Pedro Sánchez tomaba medidas urgentes sobre la seguridad del Estado.

Nicolás no es el clásico de Ian Fleming y su 007, James Bond inglés, ni siquiera es el Torrente español de Santiago Segura, Nicolás pertenece más bien a la agencia Mortadelo & Filemón, la famosa agencia de información del gran Ibáñez. Uno, yo, que tiene ya los miolos pasaos por agua y no le asombra ni la noticia de la llegada de los extraterrestres, que según dicen pululan entre el gobierno de Sánchez, cuando ve la entrevista de un muchacho contando cómo se coló en la base de datos del gabinete de relaciones institucionales de la Casa Civil del Jefe del Estado Español, o sea del Rey Felipe VI, y lo demuestra en las fotos saludando a sus Majestades los Reyes de España, le entra como una especie de sarpullido, de picor incomodo, de preocupación y al mismo tiempo unas ganas de descojonarte de risa que es superior al estado de profunda indignación motivado por la cantidad de gilipollas y gansos que tenemos al frente de la seguridad del máximo mandatario de nuestro país.

El “pequeño Nicolás”, es un personaje de comics más parecido a Pedrín, el de Roberto Alcázar, que a un moderno espía al uso de aquellos 00 que tienen licencia para matar, más parecido al tonto del bote que a un espía del Centro Nacional de Inteligencia. Aparte de sus estudios que son normales, más bien tirando a normalitos, este hombrecito ha traído de cabeza a todos los medios de comunicación de España y del resto del mundo países como Inglaterra, Francia, Alemania, Italia entre otros se han hecho eco de la cara dura de Nicolasito.

Es cierto que hoy en día sacarte una foto con Elsa Pataky no es nada imposible, basta con acercarte a la artista y apretar el botoncito de la cámara del móvil para inmortalizar tú “ligue” con la Pataky, por lo tanto, no es descabellado pensar que las fotos que tiene con Aznar o la Botella, o Rajoy, etc. etc. las hizo aprovechando los momentos de saludos antes o después de un mitin o conferencia. Lo peor no son las fotos, lo peor es la habilidad que ha tenido un personajillo de chochos y moscas para colarse entre la red, la tupida red, de los servicios de inteligencia del Estado.

Porque de ser cierto todo lo que ha manifestado nos encontraríamos con un C.N.I. al estilo de Mortadelo & Filemón Agencia de Información.
Lo verdaderamente grotesco sería que todo hubiese sido verdad, y que el imberbe y con cara de gilipollas estuviese en nómina en la CIA española, porque el ridículo a nivel internacional sería mayúsculo. Lo que más cabrea de todo este grotesco asunto es la duda que se plantea sobre la verdadera “inteligencia” que demuestra nuestra “inteligencia” cuando cualquier persona se puede infiltrar en organizaciones empresariales y asociaciones de la forma más ingenua e infantil tal cual lo hizo el pequeñajo Nicolasete, un niño pijo de Madrid que no tenía más mérito que pertenecer a las Juventudes del Partido Popular, si a eso se le puede llamar miedo. No cabe duda de que al chaval hay que imponerle sanciones “ejemplarizantes” y aunque se cague en los calzoncillos tendrá que cumplirlas, pero al director del Centro Nacional de Inteligencia, al jefe de Protocolo de la Casa Real, y a cuantos sustentaron y apoyaron a este espía de pacotilla aplicarles el reglamento sin piedad y contundencia.