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La insoportable levedad de Pedro Sánchez

  • Published in Política

CUADERNO DE BITÁCORA

Desde aquellas elecciones del 28 de octubre de 1982, con fiebre y unas faringitis de mil pares, soportando la inmensa cola para votar al Psoe y a Felipe González, alias Isidoro, he depositado mi voto en las urnas Valió la pena la espera, valía la pena esperar la muerte del dictador para tener la gran alegría de sentir en tus manos el destino de tu país.
Siempre he votado izquierda, y he alternado mi voto, en las autonómicas, a diversas formaciones de la izquierda solidaria. Me declaro solidario, no veo posibilidad de hacer justicia social si no partimos de la solidaridad como motor principal del avance en los derechos humanos y, sobre todo, en la dignidad de la persona, del ser humano.
En este sentido y por ese cambio profundo hacía una política social con un gobierno de coalición, voté al Psoe y su candidato Pedro Sánchez en las últimas elecciones. Lo volveré hacer.
No obstante, no puedo ni debo abstraerme de lo que sucede a mi alrededor, no es justo que, siendo un defensor a ultranza de la izquierda progresista y solidaria, ponga una venda en mis ojos, unos tapones en mis oídos y obvie la realidad.
¿Qué es lo que entendemos por política social?
La gente, nosotros los españoles que deseamos una España solidaria, un país más justo, reivindicamos políticas sociales que devuelvan la dignidad al trabajador, exigimos recuperar los derechos laborales perdidos a favor de la oligarquía del capital carroñero, la devolución del dinero prestado a la banca fraudulenta, a restituir los privilegios de una sanidad pública y universal, la educación y el acceso a la Universidad para todos, con becas suficientes para que ningún estudiante se quede sin estudios por problemas económicos. Pretendemos del Sr. Sánchez y su gobierno una política que renueve las ilusiones en la clase trabajadora, la dignidad al obrero, la defensa del ciudadano ante las injusticias de una justicia obsoleta y vendida al poder, a los sátrapas, que podamos decir que nuestra justicia es igual para todos.
Hasta ahora, nada de lo anterior se ha cumplido. Sabemos que la situación actual, la pandemia del covid19, ha podido trastocar muchos de los proyectos que el Psoe y Unidas Podemos tenían previsto en su programa electoral, somos consciente de la guerra en solitario contra el enemigo invisible de un virus increíblemente mutante. La oposición política es más peligrosa que el peor enemigo del estado porque funciona saboteando, instigando, traicionando todo aquello que dice defender, solo le interesa el poder por el poder, el pueblo no es lo importante, porque lo realmente importante en el fascismo, en el propio nazismo, es la oligarquía del capital carroñero, todo lo demás es el componente circunstancial que se necesita para conseguir la perfecta dictacracia que no es otra cosa que disfrazar una dictadura en una democracia.
Pero gobernar para todos es fácil, sencillo y lo es porque el pueblo español es muy agradecido, de hecho, se conforma con bien poco, se conforma con tan poco que solo con cumplir el 35% de su programa electoral nos tendría contentos. Por ejemplo; es urgentísimo la derogación de la ley electoral en vigor y que supuso la mayor salvajada en los últimos 60 años de un gobierno español. Mariano Rajoy pasará a la historia con el apodo de “el carnicero de la Moncloa” porque arrasó, pisoteo la poca dignidad que los españoles habíamos ido recuperando a través de años de sufrimiento, sudor y lágrimas.
Pedro Sánchez nos está fallando, y su debilidad a la hora de gobernar se hace evidente. No se puede contentar a todos, o se está con la masa social o se está con los poderes ocultos, que parece dominan la política en la Moncloa.
No obstante, no debiera sorprendernos esta situación; las terribles declaraciones del entonces vicepresidente del gobierno español, de su lugarteniente en la mesa del consejo de ministros, a Jordi Evole fueron rotundas: “El gobierno es un títere cuyos hilos manejan las grandes empresas, Endesa, Iberdrola, BBVA, Banco Santander, CaixaBank, etc.”
¿Quiso decir Pablo Iglesias, que era imposible cumplir con el programa pactado con el Psoe para apoyar su candidatura y propiciar el primer gobierno de coalición y de izquierda en España?
Pues por lo visto así es, porque todo sigue igual o por lo menos el pueblo no percibe ningún avance que repercuta en una mejora de su vida. Si repasamos la herencia que nos dejó “el carnicero de la Moncloa” comprobaremos que poco ha cambiado. La sanidad pública cada día está peor, la sanidad privada aumenta su cuota de clientes, los seguros sanitarios actualizan sus prestaciones y ante la pasividad de nuestras autoridades sanitarias desmantelan cada día más y más la infraestructura de la sanidad pública.
La reforma laboral de Rajoy sigue en vigor, los contratos basura se hacen de estercolero, las empresas se refugian en la crisis pandémica y, mientras acceden a prestamos covid19, se acogen a las leyes impuestas en connivencia con la patronal carroñera para seguir puteando al trabajador. De hecho, a estas empresas se les está concediendo esos créditos sin la condición de rescatar a los trabajadores afectados por el ERTE, de forma que la reducida plantilla de becarios o con contratos temporales y por horas son explotados sin mayores escrúpulos por la mafia empresarial. No se deroga las leyes del “carnicero de la Moncloa”, y se siguen cometiendo, al amparo de esa ley laboral, toda clase de vejaciones a los trabajadores, que, ante la situación actual, prefieren callar y sentirse esclavizados antes de encontrarse inmerso en un desempleo que solo le sirve para subsistir medianamente.
Siguen los alquileres a precios de escándalo, siguen sin construirse viviendas sociales y siguen los desahucios, seguirán los suicidios, seguirán las injusticias sociales que provocan los fondos buitres, aquí nadie parece hacer nada.
La población española en pobreza severa aumenta. Diariamente vemos como en las colas del hambre se encuentran jóvenes que no tienen posibilidad de incorporarse al mercado laboral, familias destrozadas por las sucesivas crisis económicas buscan, en los bancos de alimentos, el alimento básico que le permita sobrevivir, el salario mínimo vital no ha llegado a más del 35% de los demandados y ha supuesto una gran desilusión en más de 2 millones de personas. La electricidad se ha convertido en un suministro de lujo y al alcance de pocos, el agua en poco tiempo será igual, y aquí nadie hace nada, un postureo con la bajada del IVA en la factura de la luz que apena supone no más de 6 euros al mes, un brindis al sol que no soluciona el problema que se verá agravado en los meses de invierno.
Mientras esto sucede, asistimos atónitos, indefensos, a la venta de Bankia a CaixaBank con la pérdida de 19.000 millones de euros de nuestro erario, a las subvenciones millonarias a líneas aéreas de dudosa procedencia y utilidad. Podía continuar con una larga relación de promesas incumplidas por Pedro y sus socios de gobierno, pero todo sería inútil si realmente estamos controlados por la oligarquía del capital y son ellos los que tienen en sus manos el destino de los españoles.
El año 2023 está a la vuelta de la esquina, el gobierno de coalición da la impresión de que no aguantará estos 2 años y medio que faltan para las nuevas elecciones y se hará añicos más pronto que tarde, mientras esto sucede la derecha ultra se frota las manos y el PP y VOX se preparan para repartirse las carteras ministeriales y si esto sucede, como se prevé puede ocurrir, tendremos dictacracia, desgraciadamente, por una docena de años. El pueblo tiene que percibir la acción social del gobierno progresista de la izquierda solidaria, si no es así sucederá lo que sucedió en Madrid el pasado 4 de mayo, el que advierte nunca es el traidor.