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Mis queridos hijos de la grandísima puta (I parte)

  • Published in Salud

CUADERNO DE BITÁCORA

Pues sí, los hay y muchos más de la media nacional, aquí, con esta misiva, quiero rendir homenaje a los muchos grandísimos hijos de puta que pueblan nuestras ciudades, nuestros pueblos, por nuestros alrededores. Proliferan como las ratas, han existido desde los siglos de los siglos, están por encima del mal y en su psicopatía su ego es su mejor y más eficaz droga. Los voy a ir enumerando uno por uno, ruego me perdonen si me dejo algún de estos hijos de puta por el camino de la escritura, pero es que son tantos que necesitaré un libro para enumerarlos a todos y quizás una 2ª y 3ª parte, empecemos:
1º) EL CIRUJANO: Aquel médico tenía fama de ser el mejor de todos. Era el supermán de la cirugía vascular. Aquella mujer de 78 años, con unos problemas de salud increíbles, confiando en la seguridad social y en la sanidad pública, había estado con su médico de familia años y años tratándose de sus piernas varicosas. A la vista que no le daba soluciones, acudió a la sanidad privada. Se informó muy bien y empezó el “vía crucis” y sacando pasta debajo de las piedras se decidió a arreglar su maltrecha salud.
Primero al dermatólogo famoso, ese era el primer paso, ir al mejor de lo mejor en la materia, ella no quería más mediocres su salud era lo primordial. La consulta 100 euros, pero hete aquí que el “super especialista” le solicita una serie de pruebas y la envía a un centro (donde él tiene participación societaria) para efectuar un diagnostico eficaz. En ese centro le hacen un Eco Doppler venoso y le dan los resultados, a la vuelta a la consulta, el number one de la dermatología canaria, le dice que todo está jodido y se ponga unas medias y no se que más potingues, al mismo tiempo le recomienda al más de lo más especialista en vascular y le vuelve a cobrar, esta vez en plan misericorde, 80 euros por el diagnostico. O sea, este grandísimo hijo de puta no solo no hace nada, además le cobra por recomendar a otro chorizo amigote. No te entrega factura.
Como la cosa va de mal en peor, se opta por llamar a la consulta de este superdoctor, por supuesto lista de espera y llorada que te pego para que la incluyan en la lista del excelentísimo, al final se logra que te reciba en consulta para un mes más tarde, te avisan que si no tienes seguro médico privado tendrás que pagar la consulta que asciende a 120 euros, pero que no aceptan tarjetas de crédito y tienes que pagar cash, o sea contante y sonante, la pasta por delante. No te queda más remedio que dos cosas, o cagarte en la madre que parió a Petete al mismo tiempo que piensas cuan desgraciado eres que en toda tu puñetera vida no has podido evadir al fisco ni un céntimo, o bien decirle si bwana y pasar por el tubo. Así que se va a la consulta, una consulta rapidita y con los resultados de las pruebas y una mirada por arriba y por abajo te explica que tienes que operarte del rollo, que de momento cuando sienta que la va a palmar acuda urgentemente a su consulta para proceder a la operación que dice es ambulatoria. Cobra los 120 euros en metálico y no te entrega factura.
Pue si hay que operar y este hombre está también en la sanidad pública, vamos a ver si se puede hacer por la misma, pero resulta que llega tarde ya que la sanidad que todos pagamos solo tiene ese tipo de operación ambulatoria hasta los 67 años, o sea estos grandísimos hijos de puta te niegan la salud a partir de los 67 años, o sea te mueres de un trombo si no tienes pasta para pagar al truhan de mierda en su consulta privada.
Total, que llega la urgencia, se llama a la consulta del supercalifragilistico doctor y tiene totalmente completa la agenda de consultas, además ha estado de “vacaciones 3 semanas” y no es posible que la atienda. Llorada en arameo, rezo a la virgencita de Candelaria para que se apiade y nos reciba el cabronazo ese… al final la secretaria nos dice que va a ver un hueco, pero que hablará con el super a ver que le dice, porque él trabaja en consulta privada de 4 a 8 de la tarde. La señora (78 años con la pierna inflamada, supurando, con dolores inguinales que le impiden caminar) acompañada de su hija se dirige al local al objeto de estar las 4 horas a la espera del huequecito y la magnanimidad del prepotente “come mierda”. El final de la película es que no la atendió, ni siquiera salió de su despacho, no tuvo la humanidad de atender a una anciana, que bien pudo ser su abuela, y ante las lagrimas de la hija lo único que dijo “que vayan a urgencias al hospital”. Este hombre tiene su diploma de ser uno de “mis queridísimos hijos de la gran puta” por la falta de empatía con un enfermo, por omisión de auxilio a una anciana, por pesetero y cobrar en metálico sin factura las consultas que no tienen seguro médico privado para evitar el pago de impuestos a la hacienda pública.
(CONTINUARÁ)